UN DÍA COMO HOY. Hace 4 años

Mis pulmones respiraron viento patagónico, es hora de continuar.
Vuelvo al bullicio y a mi soledad. Tan necesaria, tan deseada.
El camino distante me imprime pensamientos, los kilómetros son miles como mis conclusiones, porque siempre soy otra: soy una mujer que llega y soy otra mujer que se va, siempre distinta. Todo convive en mí.
Viajar es volverse ajena al tiempo, es la no permanencia.
Moverse en diversas realidades, disponerse a los cambios, amoldarse a las circunstancias inciertas.
Es volver a casa, alimentando esa ilusión vaga de la propiedad privada, como si realmente existiese algo tuyo y permanente. Te interpelan todos los vínculos que se acercan y todos los que se alejan.
Todos los espacios de cada instante están colmados de: preguntarse, evadirse, ahogarse, motivarse y morirse un poco más con cada instante.
Pero siempre volver.
Siempre estoy volviendo. Siempre me estoy yendo.
Siempre a ningún lugar, en ningún momento.
Es la omnipresencia de irme para unes y volver para otres.


Ver tu imagen detenida en una pantalla.
El tiempo en silencio superó el tiempo que compartimos
pero aún sos una idea que reflota, renace y  emociona.
Te ví florecer, te ví sonreír y eso me hizo feliz.
Luego, las preguntas existenciales.

¿Por qué siento lo que siento con tu imagen?

Es absurdo
Ya no sé quién sos,
vos ya no sabés quién soy.

Quizás el silencio anhela lo que nunca tuvimos,
la fantasía de cómo podría haber sido.
Aunque el camino fue doloroso,
algo bien hicimos.

Nadie está listo para dejar ir tanto amor.
Cada une siente cómo puede.


Gran enigma el futuro.
¿Qué injerencia tendremos sobre el curso de las cosas?

Avanza el tiempo carente de significado.